sábado, julio 01, 2017

Una Clase de Periodismo y Gratis

Por: Francisco Ortiz Pinchetti fuente ( Sin Embargo)
Es increíble la ignorancia de los políticos y funcionarios públicos, incluidos por supuesto los encargados de la comunicación social en diversas dependencias y entidades, sobre los aspectos más elementales de la actividad informativa. No tienen idea. Tergiversan todo. Confunden los géneros periodísticos. Llaman “ataque” a las informaciones adversas. Se quejan de ‘campañas orquestadas’ cuando hay críticas fundamentadas, con fuentes o declarantes. No son capaces de diferenciar entre una nota sustentada, con fuentes, crítica, de un artículo de opinión en el que el autor analiza y opina acerca de un hecho. Son intolerantes y a menudo represores y violadores de los derechos constitucionales a las libertades de Prensa y de Información. Y me refiero a funcionarios de todos los tamaños, todos los niveles y todos los colores. Con demasiada y preocupante frecuencia hoy mismo buscan descalificar a medios y comunicadores que les son incómodos. Igual que siempre, usan la publicidad oficial para “comprar” favores informativos con recursos del erario. Están convencidos de que la manera de obtener notas favorables es pagándolas, ya como “entrevista”, ya como “gacetilla” (ya habrá ocasión de ocuparnos de los falsos periodistas dedicados a esquilmar funcionarios, que son otra lacra). Y en consecuencia, recurren todavía al viejo “chayo”, al cohecho vil para tratar de ganarse la voluntad del informador. Es lamentable, pero cierto y vigente. Cualquiera supondría que la gente dedicada a la comunicación social de las dependencias oficiales de distintos niveles, los partidos políticos y las instancias legislativas es la primera en conocer los mecanismos de la información en México. Suena elemental, en tratándose de quienes se supone trabajan precisamente en la operación de esos mecanismos, desde el punto de vista del sector público y la información oficial. También imagina uno que son ellos quienes orientan e instruyen a políticos y funcionarios para los que trabajan sobre los pormenores del ejercicio periodístico, incluida en primer lugar una diferenciación clara entre los géneros periodísticos y la manera de entender y valorar cada uno de ellos, así como el respeto que merece el trabajo de los periodistas profesionales e independientes, les guste o no. No es así. Salvo excepciones contadísimas, las antes llamadas simplemente oficinas de prensa están en manos de burócratas improvisados, políticos frustrados y aprendices de líderes de opinión. Patético.
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